martes, 18 de noviembre de 2008

Educación para el desarrollo. El concepto de Justicia Socia

Todo ser humano, allá donde viva, tiene necesidades fundamentales en común, por ejemplo, comer, tener una casa donde vivir, tener acceso a los centros sanitarios, tener identidad e instrucción, poder expresarse y recibir cariño. Por el simple hecho de ser persona, cada individuo tiene derecho a ver sus necesidades satisfechas de la manera más apropiada según su propio desarrollo.

¿Qué podemos hacer en casa para enseñar la justicia?
  • Aplicar ideales como la libertad, la igualdad y el respecto hacia la diversidad, dentro de la familia y en el resto de ámbitos en los que se mueva nuestro hijo.

  • Ser un abogado eficaz para nuestros propios derechos y los de los demás.

  • Aceptar las responsabilidades que implican nuestras propias acciones.

  • Desarrollar la empatía con los que son víctimas de denegación de justicia.

  • Hacer muestra de buena voluntad para sostener una acción constructiva y realista que venga de otras personas.

  • Comprometernos tanto a defender un derecho como a aceptar y cumplir con un deber.

  • Defender a los demás cuando vemos que están viviendo una situación injusta en la cotidianidad del día a día: ceder el asiento a una persona mayor que está de pie en el metro, ayudar a subir un cochecito por unas escaleras, pedir que habrán las puertas del autobús si vemos que alguien se ha quedado sin poder bajar, ir a hablar con el profesor de nuestro hijo si nos damos cuenta que ha habido alguna confusión en relación a un castigo, etc.

  • El valor de la justicia tiene mucha relación con la tolerancia, el respeto y la consideración. A través de nuestro ejemplo diario y nuestro trato con los demás estaremos dando el mejor ejemplo para comprender lo que es un trato justo.

  • Defender a nuestro hijo en aquellas situaciones que sean injustas y enseñarle a defenderse y a argumentar sus pensamientos y decisiones.

  • Señalarle a nuestro hijo cuándo ha hecho algo que no debía sin recriminarle ni juzgarle a él como persona. No olvidemos que estamos intentando corregir conductas no a personas enteras. Nuestras explicaciones por algo que nuestro hijo ha hecho mal no deben dejarle resentimientos ni crearle un gran disgusto.



UNICEF