martes, 18 de noviembre de 2008

La lectura: cómo contagiar ese virus tan beneficioso

Ves a tu hijo mirando la tele, dando patadas al balón, hablando por teléfono...todo menos coger un libro y leer. La afición a leer, que los padres valoramos tanto, parece ser el último recurso para los chicos. Tu primer impulso es echarle una bronca., pero hay otros procedimientos, más lentos, pero más efectivos. La afición a leer ha de actuar por contagio porque cuando se contrae la afición a la lectura, es difícil ya curarse…

  • El hábito lector no sabe de obligaciones pero es muy contagioso. Si nuestro hijo nos ve leyendo es casi seguro que también acabará por coger un libro. Pero si le obligamos a leer saldrá huyendo como de la peor peste.

  • Crear en casa un ambiente de lectura. Reservar alguna hora del día o del fin de semana para ello. Eso hace suponer que en la familia hay ratos dedicados a la lectura a los que los hijos se pueden sumar.

  • Hablar sobre los libros. Oír cómo se comenta el interés, la pasión, el aburrimiento o la tristeza que suscita la novela que tienes entre manos prolonga la actividad lectora, se crea una transmisión de saberes y de comunicación muy importante para cimentar el gusto lector.

  • El libro es un elemento físico a través del cual se establecen infinidad de vínculos emocionales entre padres e hijos. Acercarse al hijo que lee, sentarse a su lado, interesarse por la historia que está leyendo y escuchar lo que nos cuenta, es una forma preciosa de mostrar nuestra afectividad. Y nuestro hijo lo agradecerá. La lectura, al igual que muchos otros gustos o hobbies, tiene mucho que ver con la afectividad.

  • Leer los libros apropiados para tu hijo. Conocer la inmensa oferta actual de libros infantiles y compartirlos con los hijos va a suponer para muchos padres el descubrimiento de una literatura rica y variada, que proporciona momentos de conversación e intercambio con los niños.

  • Buscar entre esta oferta temas que conecten con las aficiones de nuestros hijos. Hay libros infantiles sobre muchos campos y dirigidos a mentalidades y edades muy variadas. No hay duda de que sobre lo que le gusta a tu hijo hay también títulos interesantes que le pueden atrapar.

  • Convertir la tele en una aliada, no en un enemigo. Si la pequeña pantalla es lo que realmente le engancha, hay que fijarse en sus programas y películas preferidos y tratar de buscar libros relacionados con su pasión.

  • Conocer la biblioteca pública del barrio. Tienen muchos más libros de los que se puedan comprar en casa. Además, suelen celebrar actividades de animación a la lectura y encuentros con otros lectores.

  • Incluir en las salidas de compras una vuelta por una buena librería. Aunque no se compre nada, es bueno ver las novedades que han aparecido, o qué hay sobre un autor o un tema que le interesó.

  • Tratar de averiguar qué tipo de lector es nuestro hijo y respetar su ritmo. Quizás hay lectores compulsivos, que no paran hasta que hayan terminado el libro. Los hay, en cambio, calmosos. Hay lectores a quienes les gusta releer el mismo libro y los hay ávidos de novedades. Los hay noctámbulos y diurnos. Darle un margen a su manera de leer contribuye a consolidar el hábito.

  • No empeñarse en que le guste lo mismo que a sus padres. Hay que recordar que se está forjando su gusto por la lectura, no el de papá y mamá. Y hay que saber esperar para dar los libros adecuados en el momento oportuno.



Ana Díaz-Plaja Taboada
Profesora de Ciencias de la Educación de la UB